Rendimiento real
FPS, frametime, cuello de botella y cuánto aprovecha el monitor.
GPU + CPU + resolución + calidadEstimá FPS, detectá el cuello de botella, elegí la fuente correcta y entendé cuánto pesan la red y el consumo.
Partimos de un juego AAA moderno. Después lo ajustamos a tu caso.
Cambiá la pregunta arriba sin volver a cargar GPU, CPU ni resolución.
FPS, frametime, cuello de botella y cuánto aprovecha el monitor.
GPU + CPU + resolución + calidadConsumo componente por componente con 35% de margen seguro.
Consumo × 1,35 → watts comercialesJuego, idle, eficiencia de la fuente y precio real de tu kWh.
kWh mensuales + costo por horaPing mínimo físico, overhead de la ruta y tolerancia por género.
Ping + frametime = respuesta percibidaMás importante que perseguir un número enorme es sostener un frametime estable y acompañarlo con el monitor correcto.
Depende del género. Para un juego competitivo el piso son 120 FPS y lo recomendable 144, porque cada frame son 7 milisegundos menos de latencia y en un duelo eso decide. Para acción, RPG o mundo abierto, 60 FPS estables ya se sienten fluidos y 120 son un lujo notorio. Para casual o indie alcanza con 60, y hasta 30 es jugable. Más importante que el promedio son los 1% low: un promedio de 120 con caídas a 45 se siente peor que un estable de 90.
Un poco, pero mucho menos de lo que parece. Un monitor de 60 Hz dibuja 60 imágenes por segundo y punto: si tu placa genera 200, 140 se descartan. Lo que sí ganás con FPS de sobra es latencia de entrada más baja —el frame que ves es más reciente— y por eso los jugadores competitivos apuntan a duplicar los Hz. Pero es un rendimiento decreciente: si te sobra tanto margen, subí calidad gráfica o resolución, o cambiá el monitor, que es donde vas a notar la diferencia.
La prueba casera es bajar la resolución. Si al pasar de 1440p a 720p los FPS suben poco o nada, el limitante es el CPU, porque la carga que bajaste era de la GPU y los frames no aparecieron. Si en cambio se disparan, la GPU era el freno. Mirando el monitor de recursos es aún más directo: GPU al 99% y CPU al 50% es lo deseable en juegos; CPU al 95% con GPU al 60% significa que la placa está esperando al procesador.
Sumá el consumo real de los componentes —la GPU se lleva entre el 50% y el 65% del total— y multiplicá por 1,35. Ese margen del 35% cubre los picos transitorios de las placas modernas, que duran microsegundos pero disparan la protección de una fuente justa. Para una PC con RTX 4060 y un Ryzen 5, unos 550 W Gold sobran; con una 4080 Super, 850 W; con una 4090, 1.000 W y conector 12VHPWR nativo, no un adaptador.
Una PC gamer promedio consume unos 400 W jugando y 90 W en reposo, y hay que dividir por la eficiencia de la fuente (0,87 en una 80 PLUS Gold) para saber cuánto sale de la pared. Con 4 horas de juego y 6 de idle por día son unos 74 kWh al mes. Al precio pleno del cuadro tarifario AMBA vigente, con impuestos y tasa de alumbrado incluidos, eso ronda los 22.000 pesos mensuales; con subsidio y dentro del bloque bonificado, la mitad. Dejarla prendida las 24 horas sin usarla agrega unos 65 kWh al mes que no rinden nada.
Para FPS competitivo, menos de 15 ms es excelente, hasta 30 ms es bueno y por encima de 50 ms empezás a perder duelos que deberías ganar. En battle royale y MOBA el umbral es más generoso: hasta 50 ms es cómodo y 80 sigue siendo jugable. En un MMORPG podés jugar tranquilo con 150 ms. Y hay algo que importa más que el número: el jitter. Un ping estable de 60 ms se juega mejor que uno que salta entre 20 y 90.
Porque la fibra resuelve el ancho de banda, no la distancia. La luz en fibra viaja a unos 200.000 km/s, así que un servidor a 7.000 km impone un piso físico de 70 ms de ida y vuelta que ninguna conexión puede romper. Si tu ping es mucho más alto que ese piso —más de tres veces— el problema es el ruteo de tu proveedor, que puede estar mandando el tráfico por un camino largo. También suman el WiFi (5 a 30 ms y mucho jitter) y la congestión en horario pico.
Un AAA moderno pesa alrededor de 85 GB y los hay de 150 o más; un MMO o shooter con temporadas ronda los 65 GB y crece con cada actualización; un indie, unos 6 GB. Sumá el sistema operativo (unos 100 GB con programas) y dejá un 10% libre, porque un SSD lleno pierde velocidad de escritura. Con una biblioteca típica de cinco AAA, dos MMO y diez indies, 1 TB queda justo y 2 TB es lo cómodo. Los juegos que no jugás siempre pueden vivir en un HDD barato.
Dan muchos FPS, pero no son gratis. El escalado renderiza el juego a menos resolución y lo reconstruye con IA: en modo calidad se gana entre un 30% y un 40% de rendimiento con una pérdida de nitidez que en movimiento casi no se nota, y en modo rendimiento se puede llegar a duplicar los FPS a costa de artefactos visibles, sobre todo en texturas finas y en los bordes en movimiento. La generación de cuadros es otra cosa: sube el número de FPS pero no baja la latencia, así que en competitivo no conviene.
Lo que hay que mantener constante son los centímetros que recorre el mouse para dar un giro de 360°. Cada juego tiene su propio factor de yaw —CS2 y Apex usan 0,022 grados por count, Valorant 0,07, Overwatch 0,0066— así que la sensibilidad equivalente es la del juego origen multiplicada por el cociente entre ambos factores. El eDPI (DPI del mouse por sensibilidad) sirve para comparar dentro del mismo juego, pero no entre juegos distintos. La mayoría de los profesionales de FPS juega entre 35 y 50 cm por giro completo.
En la enorme mayoría de los casos, la placa: es la que pone el techo de FPS en 1080p alto, 1440p y 4K. El procesador sólo se vuelve prioritario en tres escenarios: si jugás competitivo a 240 Hz o más con la calidad al mínimo, si tu juego es de simulación o estrategia con mucha unidad en pantalla, o si tu CPU tiene ya varias generaciones encima y la placa nueva se queda esperándolo. La prueba de la resolución que está más arriba en estas preguntas te dice en cuál de los dos grupos estás.
Casi nunca, y esa es la métrica que conviene mirar. Un juego de 60.000 pesos al que le metés 40 horas sale 1.500 pesos la hora; con 200 horas baja a 300. Comparado con una entrada de cine —unos 2.500 pesos por dos horas— casi cualquier juego que superes las 30 horas ya es entretenimiento barato. Sumale la luz, que en una PC gamer ronda los 75 pesos por hora de juego, y seguís muy por debajo de cualquier salida.
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